Friday, November 28, 2014

 
 
 
PIRÁMIDES DE AIRE
 
 

 
 
 
 
José Félix Sáenz-Marrero o el canto de una alondra


Prólogo de Teresa Iturriaga Osa

 

        A veces, la vida es frágil y se rompe en mil fragmentos. Así percibo la sensación de cada uno de los versos, las estrofas, las líneas salpicadas de instantes plenos del alma fuerte que gobierna estas letras: José Félix Sáenz-Marrero. Porque cuando la proximidad de la muerte nos cierra la garganta, nos convertimos en pájaros cantores, dejando salir de nosotros el alma, ese espíritu que se aferra al cuerpo, templo donde moramos en el tránsito de esta tierra al Más allá. Y esa experiencia de temblor entre la Vida y la Muerte es la que ha vivido el autor a la espera de un donante durante un año en su piso de Majadahonda, cercano al Hospital Puerta de Hierro en Madrid, alejado de sus querencias, apoyándose en el bastón de la esperanza de un anónimo que pudiera regalarle unos pulmones con los que empezar a respirar de nuevo. Este libro es el fruto de un otoño, un invierno, una primavera y un verano difíciles, es el testimonio palpable y cierto de la inmensa ayuda que le proporcionó el arte y la palabra en una enfermedad que iba agravándose inexorablemente hacia su muerte.


        La escritura y los dibujos de Sáenz-Marrero nos lanzan hacia emociones extremas. ¿Qué insinúa con esos juegos de dudas y palabras? Son signos que nos guían en su angustia hasta hacernos sentir de cerca el dolor por los vericuetos de su ayer. Es una experiencia de muerte y reencarnación.


        Cantaban las alondras en Castilla mientras manaba la fuente de sus versos, al tiempo que su pensamiento volaba lejos hasta bañarse en las orillas del Atlántico. Hay tanta agua en su poesía y en su prosa... tantas playas de arena volcánica reunidas en puntos suspensivos donde bañarse para saciar la sed de la meseta... Porque él sabía que la enfermedad es un ocaso de moradas sin pena ni alegría cuando no existe remedio, y que no luchar por la curación significa la derrota, tenía que buscar el equilibrio sin desmayo y así lo hizo.


        Hombre del Renacimiento, José Félix Sáenz-Marrero es un arquitecto que replantea el edificio verbal desde sus bases, coloca los pilares, dibuja los planos, esculpe el brillo de sus emociones y forja la estructura de su imaginario sin miedo a equivocarse. Ser poeta es ser guerrero de la luz como lo muestra el autor de Pirámides de aire al agitar un vuelo de gaviotas con sus versos allá donde la isla de sus sueños no se divisa. Esta profundización en el paisaje envuelve de colores los lienzos y los reviste de azafrán a ritmo de carroza, entregándonos una poesía nada etérea con sabor de lapa negra, amor salado y aderezado de salitre, sentado sobre su banco de suspiros errantes desde la atalaya de su voz hasta su ombligo. Empuja, canta, dibuja, escribe, imagina, sueña y confía. Durante su proceso creativo, fluctúan los sentimientos en modulaciones del tono, la voz, la vibración. Los seres que le rodean se le van tornando familiares, cercanos, cotidianos. Una brizna de azahar tilda sus letras y nos da un chapuzón de buenos días. Es un canto a la transfiguración de la materia. Su escritura postula una absoluta reverencia por el fundamento sacro de la vida y nos enseña a valorarla cuando exhibe los colores que hay en él. Trata de una relación telúrica entre su yo y los objetos que forman ya parte de su universo inquieto, un diálogo estético caracterizado por la pasión y un erotismo dionisíaco, visceral, travieso, a veces incluso, tierno, en consonancia con la figura que los convoca.


        Ciertamente, esta obra es un himno a la vida cargado de ecos temporales que miran al pasado con una proyección de futuro, desdoblando los planos y relieves de una ilusión. Porque leyendo sus palabras nos hacemos conscientes de la importancia de vivir el presente hic et nunc. Nadie está libre de sufrir un percance inesperado cualquier día. Puede que al recitar la última balada de la brisa, la marea se levante tempestuosa una mañana, dándonos un portazo en plena cara. Las páginas de este libro nos revelan la significación de la salud con una intensidad vital. Y ese límite es el momento más estremecedor, pero también es el más bello, como el último canto del cisne.


        Pirámides de aire es una bocanada de oxígeno que aspira a condensar la nueva vida de este artista, madura y otoñal. Es muy grato celebrar su retorno, la unión de sus fragmentos en el precipicio de cristal antes roto, desde donde se asoma con sus textos y dibujos, ahora trazado de hilván, nombre y semejanza, invitándonos a sumergirnos en el cromático mundo de su delirio verbal.

 
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Autor del libro: J. F. Sáenz-Marrero 
Editor: J. L. Machado 








 
 
 
 
 
 
 
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2 comments:

  1. Gracias Teresa por esta hermosa reseña en tu blog. Un precioso u exacto prólogo. Sin tu ayuda y dedicación jamas hubiese llegado esta nave a buen puerto. Un furre abrazo.

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  2. El arte y la palabra nos curan el cuerpo y el alma. Y este libro es prueba de ello. Animo a todo el mundo a leerlo y a disfrutar de sus dibujos. Ha sido un placer colaborar en su feliz nacimiento. Enhorabuena y gracias, José Félix.

    Teresa Iturriaga Osa

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