Friday, June 4, 2021

 

Fuego de lirios



Cuando aparece el amor

único entre las gentes,

las ventanas se vuelven atrás

para no dejar pasar el ruido.

Tiene enseñadas a las cortinas

a abrirse y a cerrarse 

con una simple palmada

pero no se lo dirá a nadie.

Ellas saben que al llegar a sus brazos

a la casa se le saltan los fusibles por los ojos

y no pueden parar de cantar.

 

 

Para colmo, no sólo resucitan los marcos, 

grifos, persianas

qué más quisieran ellas que parar el incendio,

sino también los lirios congelados

en las lindes de su jardín.

 

 

Se entiende que estén nerviosas

porque no están acostumbradas

a esa orquesta de caricias

que van y vienen

bailando

su por allí,

su por allá...

y su sígueme hasta aquí,

mordisco a mordisco,

pomo a pomo, 

untadas de besos.



Teresa Iturriaga Osa

 

Saturday, May 22, 2021

 


PALABRA DE GOURMET 

Teresa Iturriaga Osa


Próximamente

Ed. La vocal de lis, Barcelona, 2021.


Sunday, May 9, 2021

 

GATA EN TRÁNSITO


POESÍA / GATA EN TRÁNSITO de Teresa Iturriaga Osa
 
 


EDITORIAL ALHULIA, GRANADA 2011. Colección Palabras Mayores



Prólogo de J. M. Caballero Bonald

“PASAJERA A BORDO DEL SUEÑO”


Tengo la impresión de que Teresa Iturriaga escribe poesía por lo mismo que necesita hablar con los demás. Quiero decir que su actividad como poeta está expresamente relacionada con sus cotidianos hábitos comunicativos. Basta con elegir un poco al azar alguno de los poemas que se reúnen en este libro para comprobarlo. Teresa Iturriaga ha ido elaborando Gata en tránsito como si realmente se tratara de un diario en el que fuera informando a sus lectores –o a sus oyentes- de las relaciones que mantiene con la vida que la rodea. Por ahí se filtra efectivamente una serie de confidencias y reflexiones que van poniendo de manifiesto la personalidad humana y literaria de la autora. Y por ahí se estabiliza un concepto general del acto de escribir que remite a la vez a una educación de delicados matices emotivos y a una sensibilidad de muy fervientes conexiones con lo que se entiende por vocación.

Hay en estos poemas un reiterado empeño de interpretación de la poesía misma. Elijo dos ejemplos entre otros posibles: “la poesía es una suerte de enfermedad”, o bien, “la poesía sobrevive frente a la barbarie”. Afirmaciones como estas exteriorizan bien a las claras uno de los principales objetivos de Teresa Iturriaga: el del trasvase a un cauce poético de las enseñanzas propias de cada día vivido. En Gata en tránsito se buscan respuestas a todo ese almacén de preguntas interiores. “Pasajera a bordo del sueño”, la autora usa unas formas escuetas, explícitas para narrar un mundo personal que tiene mucho que ver con la experiencia del paisaje. Abundan ciertamente en el libro las referencias a una flora y una fauna que constituyen de hecho el escenario de una poesía a la vez susurrante y extrovertida, no exenta a veces de secretas ramificaciones. Cuando Teresa Iturriaga escribe “Tú, túnel del yo”, está sacando a flote esa parcela de la expresión poética que precisa de ciertas dosis enigmáticas para ser más sugestiva. Gata en tránsito cumple sobradamente con esos atributos.

                                                                J.M. Caballero Bonald
 
 





Thursday, May 6, 2021

 

¡UNA DE ALIOLI!

 


   Y sírveme otra copa de eso que tienes ahí,

de ese licor añejo que en la etiqueta pone “Vida”.

 

        Sabíamos que, al salir del aeropuerto, la mesa en el restaurante de Las Coloradas tenía que estar reservada. Eran demasiados meses sin probar aquel sabor delicioso del pan con matalauva y el alioli que nos ponían de entrante desde que las niñas eran pequeñas. Una tarrina duraba muy poco, se acababa en segundos. Y es que una familia vasca sin apetito es como una playa sin arena, algo inconcebible. Doy fe. El caso es que aquel bautismo sensorial se había convertido en un dogma de fe, una religión cuyos preceptos seguíamos a rajatabla cada vez que nuestras hijas llegaban de visita. Su hambre de alioli era tan voraz que ya les habían contagiado esa pasión a sus compañeros de vida, adictos sin remedio a los mojos y salsas canarias. Por eso, nada más sentarnos a la mesa, Estefanía gritaba muy alto la comanda de cocina: ¡Una de alioli! ¡Que ya están aquí! Toda una ración para bañarse en ella.


        Era octubre, habían venido a celebrar mi cumpleaños como mandaba la tradición. La terraza estaba repleta de comensales, el aire estaba limpio, el salitre del océano inundaba el nivel del alma. Una sensación de placer nos confundía de piel, atravesando las barreras de las otras personas. No solo podían oírse nuestras voces, sino también las suyas, nítidas, flexibles, libres de peligro. Cuando esto sucedía, el tiempo de ausencia se llenaba de presencia. Qué felicidad. Fuera de la ciudad, tras largas jornadas de viaje, como en épocas anteriores, el alboroto se hacía fiesta en el caravasar. Era hora de comer y de brindar. Primero pedíamos las lapas a la plancha, los calamares saharianos, las papas arrugadas con mojo y los berberechos salteados. Después, le tocaba el turno al agriote, la merluza salvaje del Atlántico. Una delicia de sabor. Poníamos los ojos en blanco. Todo regado con vino canario. Y cuando llegaban los bombones helados de La Peña la Vieja, empezaba lo mejor, con el café, los mojitos y el limoncello. Practicábamos el juego de echarnos un pulso, un rito ancestral. Madre y padre con hijas, yernos con suegros, hermana con hermana, cuñado con cuñado y cuñada… era muy divertido. Un jolgorio de arengas y risas se hacía espacio sobre la mesa de apuestas familiares.


        Aquel día, entre pulso y pulso, María fue al servicio y detuvimos la contienda unos minutos para descansar, pero al regresar, se percató de que había olvidado sus flamantes gafas de sol en el lavabo. No se sabe cómo pudo suceder, pero no estaban allí, desaparecieron por arte de magia, un robo a plena luz del día. Fue la movilización general: Andrea y Matthieu removieron Magazzini con Brocéliande para dar con ellas, Maite iba levantando discretamente los manteles y miraba por el suelo, mientras nosotros rastreábamos los gestos de los clientes que entraban y salían del local. Fue inútil volver a revisar minuciosamente el baño de señoras y dar noticia de la pérdida a las camareras del salón interior. Nadie las había visto. Unas gafas de sol de marca Swarovski no podían pasar desapercibidas; sin duda, alguien las había cogido. María estaba segura de que la joven que coincidió con ella en los aseos se las había quedado. Era una sensación muy justificada por su forma de bajar la mirada cuando se acercó a su mesa a preguntarle. No dejaba de ser curioso que ella y sus amigos no tardaran ni cinco minutos en pedir la cuenta, levantarse y salir corriendo del lugar. Y en medio de aquel teatro, con la desfachatez de su cara de inocencia, la muy hipócrita se acercó a nuestra mesa para despedirse y desearnos éxito en las pesquisas. Entonces, se acabó el paripé. Había traspasado el límite de la paciencia. María la miró fijamente.

 

¿Quieres un pulso? espetó.

¿Cómo dices?le respondió la ladrona.

Digo que vayas sacando las gafas del bolso.

¿Pero… mira?, ¿pero tú de qué vas, enterada? tartamudeaba de ira.

Mira... mira… toleta… Yo ya no tengo edad para ser Blancanieves... que a fuerza de madrastras y de enanos, he hecho músculo, y ahora.... te puedo. Dame mis gafas y piérdete –pronunciaba aquellas palabras con tanta firmeza que se oyeron por toda la terraza, ante la audiencia de un público expectante.

 

        Y, por supuesto, se perdió, y con ella, las gafas. Nunca aparecieron, pero alguien aprendió la lección. Eso seguro. Quién sabe si la loca y sus secuaces las lanzaron rabiosamente desde su coche hacia El Confital y las recogió algún peregrino sediento de sombra para ayudarle en su camino. El cosmos suele equilibrar el caos con su fluir ondulante. Tiempo al tiempo. Mientras tanto, abre el ojo y desparrama la vista.





 

Monday, May 3, 2021

 

La esfinge biónica 

Teresa Iturriaga Osa

 


     He bajado a tierra hoy, 15 de octubre de 2120. Creo que este ciberespacio es perfecto para descansar de mis travesías solitarias. Quizá sea la tierra de la que me habló Aorix en aquella sesión de óleos sagrados: Avalon, la isla mágica del Rey Arturo. “Ramas plateadas de un manzano de flores blancas, los pájaros te guiarán, serán el símbolo de tu inmortalidad”. Pero no he hallado más que destrucción ecológica, basura cósmica y ningún Árbol de la Vida… Y de mi pasado, mi memoria sólo conserva una imagen: yo tallaba en la piedra lo que la piedra ya había visto antes que mis ojos. Pero necesito recordar más cerca... Pido telepáticamente un cambio de chip con más estimulación transcraneal.

 

  

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   

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     Soy traductora, siglo XX, año 1998. Recibo un e-mail de una institución de Bretaña invitándome a colaborar como intérprete de Aorix, un monje ortodoxo que imparte conferencias sobre El Arte sagrado de la unción. Me seduce la idea. Hay algo entre místico y erótico en ese juego de palabras: aceites sagrados… ¿Nos hablará del Bosque de Brocéliande, donde Merlín vive con Viviana? Tengo miedo, quizá no esté a la altura. Dudo entre lo real y lo falso mientras observo los dos cuadros de la pared en mi despacho. En efecto, son casi idénticos, como la foto y su negativo. El bodegón de la derecha brilla con blancos y verdes de tono pálido, forman figuras de pájaros con picos abiertos, como crías piando a su madre desde una taza de leche. La jarra de agua no se mueve, ni se inmuta, bajo esa elegancia de quien se sabe que necesaria para la vida. Sin embargo, el lienzo de la izquierda es un espectro que surge de la taza de leche, que ya no es taza, y, ni por asomo, quiere ser leche. De repente, como por arte de encantamiento, los pájaros han descendido hasta el passe-partout y amenazan con invadir mi mesa con sus rejos amarillos y ahogarme desde el ordenador, atada a la silla azul...

     Aorix me ha citado en el Café La Lune. Me ha llamado por teléfono para que busque varios pasajes de la Biblia: el capítulo de la escalera de Jacob (Gén. 28, 12), y también la escena de María Magdalena donde derrama perfume de nardo sobre la cabeza de Jesús (Mc. 14, 3-9). Al leerlas, me pregunto cómo se las habría ingeniado para irrumpir en aquel banquete. Nunca creí que fuera una prostituta. Investigo y confirmo mis sospechas. Sacerdotisa de La Orden de los Esenios, había sido iniciada en los rituales esotéricos de la polaridad femenina. Amaba en cuerpo y alma a un hombre cansado de sembrar desiertos. Miriam de Magdala, la maga de Betania, no fue una mujer pecadora, sino la única persona que podía darle la extremaunción antes de su sepultura... ¿Quién se atrevería a tocarlo sino ella?

     He conseguido libros de plantas medicinales en francés: muérdago, brezo, roble, acebo. He pedido un café, fumo y pienso en la ignorancia de las gentes. Imposible adivinar que a su lado va a asentarse Aorix, un descendiente del druida Merlín con poderes extraordinarios, capaces de anular su consciente y transformarles física y psíquicamente. Ocurre igual con los chamanes, que pueden adoptar múltiples formas, desde lechuzas, grullas, águilas... hasta apariencias humanas irreconocibles. Pero dejemos eso ahora. Ese hombre camina hacia mi mesa con su mirada clavada en la mía. ¿Quién eres? ¿Por qué me miras así? No sigas... Me haces daño. Este semidiós se me antoja demasiado atractivo en todos los sentidos. Un peligro. Me está volviendo loca por momentos. Cierra los ojos como un gato que me acecha. Prístino en su gran sabiduría, ahora me habla del puente sagrado, del tránsito al mundo astral con psicofármacos. Me muero por volar contigo, un paseo por los planos de mi conciencia es todo un desafío.

     Estoy mirando el puente, con su procesión de hormigas, orugas y cucarachas humanas. Ya no veo más que seres del inframundo en el espejismo. Cada vez tengo menos fuerza en la mano que escribe notas con un pulso mortecino. No me gusta nada la sensación de rigidez que siento en las piernas. Todo es muy difuso. Aquí pasa algo raro... Aorix me está subiendo a un coche y me da algo de beber. Parece vino. Leo en la botella las palabras Lacryma-Christi. Me susurra al oído: “Me entiendes demasiado bien y has entrado en mi campo magnético, en la esfera de mi deseo, una vibración de la que ya no podrás escapar. Te será muy difícil huir de la espiral copulatoria de mis fotones, te buscan frenéticos, ma chérie”. Mira que lo sabía: nunca dejar que nadie te absorba el aura, nunca mirar de frente a los ojos, nunca dejar que te impongan las manos. Siempre tan lista, siempre tan tonta, pero al final… decido marcharme. ¡Uno, dos, tres! Salgo.

 

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  


     Tampoco en esta sesión de terapia he podido llegar al origen de mi psicosis afectiva. Siglo I, Siglo XIII, siglo XX… y ya no sé por dónde comenzará la próxima vez mi bioneurólogo con sus técnicas de exploración artificial. Quizá en la siguiente regresión surja algún signo revelador, alguna señal del interfaz. Es desesperante. Tengo un rostro y un cuerpo de diseño perfecto con wearables, múltiples injertos antiedad y órganos fabricados con biomateriales en impresoras 3D, sin embargo, mi cerebro interno sufre un grave trastorno. No siempre me funciona el acceso al canal bidireccional de comunicación fluida con las máquinas. Por eso acudo a esta consulta mensualmente para revisar mi implante cerebral, pero no mejoro ni asistida por control remoto. Así que antes de desconectarme, escribiré directamente con el cerebro y usaré el ratón mental para controlar mis dispositivos de medición, a ver si me responden. Aunque esta vez algo me dice que debería cerciorarme de mi seguridad… No vaya a ser que el androide que ahora me lee el pensamiento resulte ser un cibercriminal y bajo mi estado de nanohipnosis se aproveche de la situación... Estoy viendo que tiene la misma mancha en el cuello que Aorix...

 

   

 

Antología de relatos “2120” 

VV.AA. MAR Editor, Madrid, 2021.

 



Tuesday, April 27, 2021

 

CASA MUSEO TOMÁS MORALES,

EL HOGAR DEL POETA DEL OCÉANO

PRESENTACIÓN DE LA EDICIÓN ‘ARDEN LAS ZARZAS’, 

DE TERESA ITURRIAGA OSA

Casa-Museo Tomás Morales de Moya

Viernes 30 abril · 19:00 h.

Interviene: Teresa Iturriaga Osa, autora de la publicación.

Presenta: Oswaldo Guerra Sánchez, poeta, ensayista y 

doctor en Filología Hispánica.


Arden las zarzas recoge seis relatos en prosa de mujeres enzarzados en doce poemas para siete mujeres (Lady Sarah Forbes, María Walewska, Leonora Carrington, Carmen Tórtola, Madame de Stäel, Octavia y Cleopatra). La visión de la zarza ardiente ante el profeta Moisés ha sido interpretada por algunos estudiosos como el símbolo del árbol de la vida. Su forma danzante, inasible y creativa, alude a la multiplicidad divina. Este libro pretende hacer un poco más visibles a esas mujeres que fueron zarza ardiente en el desierto. Su fuego incombustible nos alumbrará el camino. El libro viene a ser un reconocimiento en clave literaria del complejo mundo femenino a lo largo de la Historia.

Seis relatos de mujeres sobresalientes: Lady Sarah Forbes, María Walewska, Leonora Carrington, Madame de Staël, Carmen Tórtola Valencia, Cleopatra y Octavia. Vidas narradas con pasión –acompañadas de un importante esfuerzo historiográfico desde donde se construye la ficción–, sin desplazar el plano intelectual y el talento creativo de su personalidad, que incide de lleno en su fibra emocional, a través del diálogo interior. Un mundo simbólico rebosante de sentimiento que se complementa con poemas en voz de mujer. Un enlace de versos entre bellas historias cosidas con hilo de seda, como un collar de perlas auténticas. No olvidemos que la elección de la forma siempre es un marcador apelativo-persuasivo que debe interpretarse como licencia de un espíritu transgresor que lucha contra la división de géneros en cualquier ámbito, incluido el tipo de texto literario. Intención que persigue crear una línea invisible de unión entre el espacio poético y el narrativo, ajena a la tradicional categorización académica. “Une liaison la plus naturelle du monde”.

Actividad gratuita. Aforo limitado.


Casa-Museo Tomás Morales
Plaza Tomás Morales, s/n.
35420. Moya
Tel. 928 620 217










 

Wednesday, March 17, 2021

 

Luogo da sogno




 

Al mirarse por primera vez, sus iris

temblaron con llanto blanco,

se vistieron de garzas.

Una voz las guio por las grutas azules de Elba

y encendieron la lumbre del viñedo más alto.

Un silencio de estrellas -acicalado de misterio-

se instaló sobre manteles de agua.

Un brinco acurrucó su furia en las flores de marzo.

 

Y allí se quedaron, silencio y estrellas,

iris y garzas, quietos en la paz de las horas,

juntos sin locura ni ficción de continente.

Solos con la dulzura de Fígaro,

acariciando el lamento adherido a sus ojos.

Y una noche, en secreto, lo esparcieron

por el cosmos con sus manos

marineras, siempre benditas.


 

Teresa Iturriaga Osa

 

(a María y Andrea)

 

Monday, March 8, 2021

 

Reseña de "Arden las zarzas"

por Vicente Marrero Pulido

publicada en el periódico CANARIAS 7 (7/3/2021)



ARDEN LAS ZARZAS
Teresa Iturriaga Osa

En 2010 publicaba Teresa Iturriaga un libro de ocho relatos bajo el título de Desvelos, pero la diversidad de historias y de protagonistas no constituía más que una forma aparente de transmitir un único mensaje: la denuncia del secular acoso y maltrato de que han sido víctimas las mujeres en todo el orbe y sin distinción de razas, edades y clases. Ahora vuelve Teresa, con mayor experiencia literaria y con dominio absoluto de forma y contenido, a abordar este espinosísimo problema con nuevos y hermosos artificios, aunque no desde la perspectiva de las mujeres como víctimas, sino como un compendio de ejemplos dispuestos en un orden aleatorio en los que las protagonistas se muestran como reclamos de actitudes, roles y sendas hacia la igualdad entre mujer y hombre dentro de sociedades marcadas por viejas convenciones y durísimas restricciones. Constituyen estas historias un llamado clamoroso a la sólida unión del mundo femenino en el movimiento de lucha contra una injusticia sin nombre como si ellas hubiesen nacido con delito. Así consta en el excelente poema que abre el libro (“Mujer, Llave de oro”) a modo de preámbulo. En este sentido, la obra tiende la mano al feminismo serio y comprometido, pero también rezuma feminidad en su arquitectura, en el manejo del lenguaje y en la fina sensibilidad que asoma en todos los intersticios de las palabras que se suceden desde el principio hasta el final.
Se trata de un compendio de seis relatos o historias de siete ejemplos de mujeres que vivieron momentos que se han contado en mayúsculas pero que, sin embargo, estaban amenazados, con mucha mayor virulencia que la de hoy, por la adversidad y la marginación de la mujer. Son muchas y grandes las cualidades que ofrecen todas sus páginas. Nada más hojearlo, llama especialmente la atención la disposición y forma de estructurar el contenido porque la autora elige tanto la poesía como la prosa en una combinación muy original. No estamos ante un hibridismo caprichoso. Es más, diría que la doble naturaleza de Arden las zarzas, es decir, lo que cuenta objetivamente y lo que emociona o hace sentir, llama a la mezcla formal, a la justificación de un género mixto. De tal forma están soldadas poesía y prosa que todo el texto se ofrece como una labor de bordado femenino en el que los poemas (doce en total) se ensartan, o “se enzarzan”, como dice Teresa, entre los distintos relatos, de forma que a cada historia la autora le asigna un poema de apertura y otro de cierre, y todo queda perfectamente enhebrado, como lo están el comienzo y el final del libro con sendos poemas que sirven de exordio y recapitulación respectivamente.
A ello es preciso añadir que la objetividad de la prosa, en la que por lo común las palabras están dentro de su área de confort, es decir, en un ámbito más propiamente denotativo, está magistralmente complementada por la forma mágica del verso, o bien por un lenguaje más críptico en el que las palabras se someten a combinaciones y encuentros inesperados para el lector, pero que, sin embargo, aportan una gran carga emotiva y estética. Aun así, los poemas ensartados con los relatos no dejan de mantener una especial relación intertextual que se sustenta en asociaciones pragmáticas e implicaturas cuyos referentes son los personajes de los que se narra sintéticamente su historia, es decir, los poemas expresan en otra dimensión lo que expresan también los relatos. Sutilísima forma de demostrar la autora cómo desea llegar a sus destinatarios.
Las siete mujeres para seis relatos (Lady Sarah Forbes, María Walewska, Leonora Carrington, Carmen Tórtola, Mme. de Stäel, Octavia y Cleopatra) fueron “zarzas ardientes” que no quisieron consumirse sin dejar testimonio de su paso por la vida, pero es que esa certificación que ellas mismas firmaron y rubricaron con sus actos, con sus alegrías, pero también con sus tropiezos y desconsuelos, sin duda continúa teniendo la misma validez notarial en la actualidad, y con mayor razón porque, si rebobinamos la historia y nos paramos a desentrañar la intrahistoria, o la letra menuda y ya desvaída de tanto buscarla, las vemos marcando el paso, adelantándose, en avanzadilla, a todas las épocas, como ejemplos de valentía, de riesgo y de lucha. En su contra, podría decirse que la pertenencia a una clase poderosa e influyente, o, como en el caso de Carmen Tórtola, su dominio para atraer la atención de quienes de alguna forma figuraban en los cuadros de honor de la intelectualidad y de la política, les sirvió de catapulta para hacerse más visibles que otras, pero hay que tener presente que en la clase de que hablamos estaban más arraigadas las convenciones y los patrones estrictos de vida social, obstáculos que ellas habían de salvar no sin sufrir menoscabo y ruina de su prestigio.
Teresa Iturriaga, con total acierto, ha querido brindarnos esta excelente introspección de las siete mujeres para demostrarnos que para ellas el tiempo no se había parado ni se habían esfumado sus aspiraciones de libertad y, sobre todo, de igualdad y respeto. Yo creo que estamos ante una matrícula de honor en saber crear materia literaria con un mensaje tan bien logrado y tan necesario.

Dr. Vicente Marrero Pulido



Vicente Marrero Pulido es Doctor en Filología Española por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y ha ejercido como Profesor Titular de Lengua Española en la Facultad de Traducción e Interpretación de la ULPGC. Ha participado en diversos Proyectos de Investigación financiados en convocatorias públicas, entre los que cabe mencionar: Traducción de Relatos Cortos Belgas Contemporáneos, Estilística Contrastiva y Estudio Comparativo de Convenciones Textuales en Lenguas Europeas. De sus publicaciones, pueden destacarse, entre otros, los libros siguientes: Estructura del léxico de la Norma Lingüística Culta de Las Palmas de Gran Canaria, Servicio de Publicaciones de la ULPGC, 1999; Comentario de Textos, Servicio de Publicaciones de la ULPGC, 2011; Galdós y el 98: un itinerario a través del tema de España, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1998.


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Disponible en librerías de El Corte Inglés (Canarias/Baleares/Península)

y Editorial La vocal de Lis (Balmes 381 /2-1 / 08022 Barcelona)

https://lavocaldelis.com/libros/arden-las-zarzas


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