Monday, June 23, 2014


 
ARQUITECTA, PINTORA, ESCRITORA Y MUJER...

Me acerco silencioso al espacio vital de tres mujeres que son paradigma de la palabra, el espacio y la plástica... trío de seres contemporáneos creados para nuestra humanidad en este siglo XXI, con las vísceras puestas en el escaparate de la historia sin el pudor que aún nos ata en nuestras acciones humanas.




Zaha Hadid. Proyecto de embarcación


Zaha Hadid, iraquí, afincada en Londres, arquitecta universal, primer premio Prizker en una mujer. Suspiraba por sus formas. Su delicadeza y sensibilidad en los adornos puros. Su feminidad transcrita e inserta en una arquitectura voluptuosa por sus necesidades se desprende en cada paso que das al admirar, penetrar... esculpir en nuestras vidas su obra.

Cuando Adolf Loos sentenció su famosa frase que quedó perenne en el recuerdo, "El ornamento es delito", comenzó una andadura llena de raciocinio, funcionalismo, comedimiento en lo superfluo, purismo... hasta llegar al minimalismo. Pero la curva, la forma femenina, la intensidad de lo superfluo, el rescate de la belleza porque sí, tenía que emerger en el aire viciado por tanto sufrimiento, tanta deslealtad al espacio, al lienzo, al papel... sólo ellas conjugan los nuevos materiales, los sueños emergentes, las ideas rompedoras.


¿Por qué no recordar mínimamente a Matilde Ucelay Maortúa que fue la primera arquitecta titulada en España? Dura su andadura en un proceso de creación reservado para hombres oficialmente. Hago su reseña para rescatar su aportación valiente y pionera en la articulación de espacios pensados.





Elena Poniatowska



Elena Poniatowska, de ascendencia polaca, residente en México, premio Cervantes 2013, portadora de un periodismo comprometido a través de una prosa exacta, con un historial novelístico profundo. Escritora, poetisa, novelista, ensayista, activista... reúne todos los ingredientes para incorporarla a la trilogía de mis mujeres esenciales.

Cuando escribió este poema


Rodeadas de agua por todas partes

el mar naufragó dentro de cada una,

el faro, en vez de guiarnos, nos desencaminó,

golosas, sólo queríamos

lo que todas pedimos,

amanecer al mundo

desfloradas a besos.


sabía como bajar a las profundidades de su identidad de mujer, de todas las mujeres, con firmeza y ternura, con el deseo contundente de la identidad rescatada. Oriana Fallaci pronunció aquella frase que forjó la relación de todas estas mujeres con el compañero que querían. Por eso le enseñaron su arte al varón para explicárselo mejor: “Confío en que seas un hombre como siempre lo he soñado, dulce con los débiles, feroz con los prepotentes, generoso con quien te quiere, despiadado con quien te manda”.




María Lassing. Óleo



Me costó encontrar y la elegí a ella por ser el reflejo de un naciente siglo complejo y visceral como ninguno en la historia. Todas las misceláneas, recopilaciones, catálogos y bases de datos de pintura me ofrecían un escaso panorama de mujeres universales creadoras del color y las formas en dos planos pertenecientes a la contemporaneidad. Y ella satisfizo mis deseos de figuración.

María Lassing, austríaca, vienesa hasta la médula, universalmente freudiana, exploró su cuerpo con su mano de pintora de una manera inquietante, desenfadada y curiosa.

¿Porqué María Lassing y no Frida Kahlo? Sólo por no recalcar lo que tantos y tantos han escrito sobre el papel transgresor de esta última con el que supo envolver toda su vida. María fue un alma que se planteó en el arte pictórico hacer de su "conciencia corporal" el estímulo infatigable plasmado en sus exquisitos retratos y autorretratos, tanto que su pincel se paseó lo mismo por un físico, hasta entonces prohibido, como por su interior emocional, enseñándonos los recovecos del alma femenina al trasluz de sus lienzos, de una forma tan velada que sorprendería aún hoy -después de muerta- a muchas pintoras noveles. Rompió moldes con su proyección internacional.


Dirán que me he olvidado de escultoras, actrices, cantantes, bailarinas, tejedoras
y productoras de artes inimaginables, nuevas en su expresión y merecedoras de un recuerdo. Pero es que esto es solo el comienzo del Siglo XXI. Y por algo empezaron estas mujeres. Aunque únicamente fuese escribiendo, pintando y distribuyendo los espacios que todos habitamos.


J. F. Sáenz-Marrero Fernández


Tuesday, June 10, 2014


 





EL COSMOS GRAZIANI

Por Teresa Iturriaga Osa

          Álvaro Cunqueiro lo dijo una vez en uno de sus cuentos: “El buscador de tesoros tiene que ser muy cuidadoso en todo lo que hace, y también ir lavado y limpio. Hay que estar muy bien preparado para tener paciencia. Paciencia, tiempo y dedicación son algunas de las características del buen buscador. No son los más listos los que encuentran tesoros, y algunas veces son niños, o tontos, y también encuentran tesoros los ciegos. El tesoro hay que querer encontrarlo y soñar durante mucho tiempo con él”.

          En efecto, rodearse de multitud no es un estado donde puedan encontrarse los tesoros con facilidad. Todo lo contrario. Si eso ocurre, constituye una excepción que suele darse con muy poca frecuencia. Así descubrí las pinturas de Yolanda Graziani un día de primavera en una sala de exposiciones local. Entré allí por azar, con la paciencia de una tortuga milenaria, sin mencionar la ceguera que me caracteriza; y quizá, por eso, encontré el tesoro que andaba buscando.


          Sus cuadros son puertas a otra dimensión porque, al entrar en el Cosmos Graziani, ya formamos parte de sus experimentos artísticos. Desde un microcosmos de corales hasta un recorrido astral de planetas, cometas y galaxias en formación o destrucción, las visiones se van dando cita en su laboratorio. Ella nos arrastra, llena todo el espacio a través de su luz, transparente y volátil como su mirada. En el país de las maravillas, su pincel onírico sazona el universo con la frescura italiana de su nombre de albahaca... Con sus insinuaciones selváticas, nos lanza sin contemplaciones hacia una jungla de ocres y verdes, cuando no nos sumerge en el paisaje submarino de Las Canteras que ve desde su ventana.


          En su mensaje pictórico, hay arrecifes plagados de peces y algas, hay espacios intergalácticos que su pintura atraviesa en cuestión de segundos, hay entradas a un mundo biológico, casi intrauterino, que descubre los colores más vaporosos y sanguíneos del ser humano, hay elevadas temperaturas volcánicas, mezcla de fluidos y otras formas de energía, hay estallidos de luz que derriten los cristales. El Cosmos Graziani es un espacio mágico donde los elementos químicos se abrazan de tal manera que no pueden separarse. Agua, fuego, tierra, éter, bailan el vals de las esferas aparentes alrededor de su pintura. Ese movimiento sutil en su obra se percibe desde lejos como una vibración invisible que la dirige en su creación. Ella pinta la resurrección inflamable de la materia allí donde la mirada encuentra un remanso de aguas, una esperanza en el tiempo que no agota los relieves geográficos del ser humano.

          Yolanda Graziani es una gema que deslumbra con su pintura porque su mente exhibe con orgullo que nada de la niñez se ha perdido. Merece la pena experimentar ese rayo de esperanza a través de sus cuadros. La fantasía es un reconstituyente que se administra sin receta médica en tiempos de hastío.