Tuesday, December 11, 2018



PUNTO DE FUGA

Teresa Iturriaga Osa






No desperdicies

ninguna fuente. Pero no seas

un revoltijo de aguas.

Tal vez el silencio más abyecto

pueda resolver el quid

del desengaño.


Usa pinceles.

Cada plan de nube con su aguacero.

Todo junto en un bolsillo de camisa.

Una sigla de tu nombre a cada color.

Enfoque de linternas

y volver sobre los pasos.


Has de explicarte bien las cosas,

con esa claridad interna

que no asusta.

Para definir bien los contornos,

tan líquidos ahora como

una noche de Perseidas.


***


Monday, November 26, 2018


    ATTK reedita en digital “Desvelos” 
                            de Teresa Iturriaga Osa                                                                         



    Ocho historias de mujeres que plantan cara 
    a la violencia de género. 





    ATTK Editores acaba de publicar, coincidiendo con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer, la reedición digital de "Desvelos", ocho historias de mujeres que han dicho basta a la violencia sexista. Seres humanos que comparten sus experiencias de lucha en un nudo de emociones, con la voluntad de alcanzar sus sueños de libertad. Por un mundo de convivencia sin agresiones. Será presentada el próximo 5 de diciembre a las 19.00 h. en la Casa-Museo Pérez Galdós.
    “Una espléndida colección de relatos, que parte de la realidad de las protagonistas, que han depositado su confianza en la escritora para que sus historias, todas terribles y a la vez esperanzadoras, sean conocidas. Se trata de una llamada a luchar contra el miedo, que es el peor lastre que un ser humano puede arrastrar. Y es literatura universalizadora también porque las ocho mujeres protagonistas son de distintos lugares del planeta, lo que nos dice que esa idea machista de superioridad del hombre sobre la mujer no tiene una adscripción cultural, social, religiosa o geográfica concreta.” – escribía el escritor Emilio González Déniz.
    El libro que se puede conseguir en formato digital a un precio de 3,5€ en Amazon en el siguiente enlace: https://amzn.to/2SdZiyR cuenta nuevamente con una obra para su portada del pintor Augusto Vives.                                                                                                                                                          

                            
    Teresa Iturriaga y Guadalupe Martín, editora de ATTK / Bilbao
                       

    http://www.casamuseoperezgaldos.com/actividades//-/calendar/event/9419554?p_p_state=maximized
                       

      https://www.amazon.es/Desvelos-Teresa-Iturriaga-Osa-ebook/dp/B07KSHMQP8
           

Monday, November 19, 2018




MICRORRELATO

Chica en jarras




         Tenían las rodillas verdes de caerse en ese charco. Maldito escalón. Y, aunque las luces se apagaran locas al girar su cabeza, hacían un dúo de sonrisas sin esquinas, como zurdos del cerebro. La torpeza más grande se reducía a migas con sopas cuando les echaban a patadas por comerse la boca. Ciudad pecado: un chico y una chica ardiendo en jarras. Maravilloso escándalo de tarde, los dos subidos a lomos de un gigante, sobre la barra de un bar, en la calle mojada, bajo la eternidad de lo viejo.


Teresa Iturriaga Osa




***


Tuesday, November 13, 2018


                    BLANCO TAFETÁN


                                                               (A la garceta blanca)



Llegas y te vas.
Bajas, te paseas y te vas.
Siempre.

Amante celosa y libre,
bajo las cenizas de tus alas
veo sinsabores
y placeres ocultos
que sólo te adivino.

Vuelas.

Y ya no estás.

Desde lo alto del mundo,
observas los teatros de los hombres,
conoces el vals de las muecas,
y, entre ellos,
tu piel de blanco tafetán se balancea
sin tocarlos.
Aplauden tu vértigo
sentados en sus miedos,
incapaces de cortejarte en las alturas...
A ti, que eres reina
sin vasallos.

Sola,
en tu torre de marfil,
diriges los navíos
con la punta de tus dedos.
Toreando con la muerte,
no necesitas victorias,
sabes volar.
Descansa ahora
en nuestra playa y
bébete el mosto de la arena,
vigilante fiel que regresas a nosotros.


Ven siempre, 
que la bruma de la vida envolverá tus cabellos
en un abrazo eterno
entre caoba y oro,
ave fénix de Las Canteras.

Teresa Iturriaga Osa

Foto: cortesía Tato Gonçalves


Saturday, November 10, 2018



Relato

Teresa Iturriaga Osa

217 LLAVE DE ORO





              En Granada llovía la noche con un rostro de soledad aterido de vacío. Cada vuelta de madrugada, Elba giraba su cuello hacia el hueco que había dejado el cuerpo de su amado. Aún perduraba en su piel el olor de Ian, el tacto del abrazo profundo y cierto. Artista de la espera, agitaba en sueños un abanico de vida multicolor, aireando el drama, espantando miedos con la mantilla puesta.

          Sonaba una melodía de mirlos locos en el patio, una confusión de risas y trinos contagiando ilusión. A la fuga del blanco y negro, dio un salto de la cama deshabitada y se plantó en la ducha. Ella seguía a diario el ritual del bautizo del agua, el jabón de limón, la humildad del arreglo floral, la sal de la forma. Una vez lista con su turbante de seda, bajó a tomar un café, una última mirada a la fuente del sultán antes de subir al autobús del adiós. Ni dos sobres de azúcar pudieron llenar su boca con la dulzura del recuerdo, nada podía compararse con un beso a la cafeína del amor...


            Unos días antes, habían viajado juntos en tren desde Madrid. Durante el trayecto, los montes y llanuras se convirtieron en un horizonte de olas sobre un mar de años prohibidos. Sintieron la certeza del ahora, de esos momentos únicos que fueron, son y serán. Allí se detuvo el tiempo. Intensidad. Capitanes de navío, surcaron las dehesas, los desfiladeros, los campos de olivos. Ian miraba a babor, era la vida, clamaba al cielo esa verdad, pero preguntaba, por si acaso, en voz alta, al Señor de las Mayúsculas. Le pidió permiso para amarla mientras entraban en el túnel de los códices y esperaban el azote con su veredicto de penas. Ser feliz y ser culpable. Por eso luchaba, lloraba su corazón, le caía tiernamente una lluvia de perlas. Ian se censuraba a sí mismo hasta agotar sus latidos, era ya un rumor de océano, un náufrago sin isla. Intentaba a toda costa difuminar su pasión en el paisaje para no sufrir de hambre. No era propicio atravesar las aguas -le decía su razón despierta. Un campo de batalla en su pecho dejaba heridos en los ojos de su amada, no quería que nadie muriera en ella. Y, sin embargo, allá arriba, las nubes no derramaron ni una lágrima, había un silencio de sirenas, quién sabe si su voz ascendió al Señor de las Mareas en plegarias de incienso. Era la duda, era la espera del hombre ahogándose en las brazadas del misterio... Aquella noche, al llegar a puerto, cuando el tren llegó a la estación de destino, pasaron sobre la quilla las nubes del no-saber... La desesperación bajó la cabeza ante las olas. Y entonces, cuando las luces del faro interior fueron apagándose solas a punto de desmoronarse entre las hiedras de la Alhambra, apareció dulcemente una Luna blanca, claro de magia tras los árboles, mimosas floridas y camelias, y la sonrisa del gran misterio vino a acunarles el alma mientras sorbía su mejor cosecha. Extendió su mano y les sirvió en bandeja esa copa de cristal de Bohemia que hizo el mismo día en que nacieron. Se la ofreció para brindar por la vida con ellos, criaturas. El aroma del vino era exquisito. Elba paladeó hasta la última gota. Su voz irradiaba belleza, un Oriente de ensueño. Y Granada se convirtió en una inmensa playa.


                 Fueron tres días inolvidables que quedarían tatuados para siempre en sus almas; sin embargo, había llegado la hora de separarse. Bifurcación de destinos, nerviosismo, distancia... No les quedaba otra opción que adentrarse en el devenir de una casa gris sin sonrisa. Ian fue el primero en partir. Elba se quedó un día más. Por eso, aquella mañana, al bajar a la recepción del hotel para entregar la llave de su habitación 217, sintió que pesaba como un medallón de oro puro. Tuvo unas terribles ganas de llorar, pero en ese instante, la ternura de una pareja de ancianos la consoló con palabras que se le grabarían para siempre en el corazón: "Saludos a su marido y que Dios les dé muchos años de felicidad, se les ve tan enamorados como el primer día". Por eso dicen que los ojos siempre son niños.


                                               ********


Monday, November 5, 2018




FRANQUEO

Teresa Iturriaga Osa




Ni te escribí
ni te llamé,
lo siento, dejé pasar
el tiempo,
quise ver llover tu recuerdo
sobre el perfil
y la frente
de las cosas.

Llené el estanque,
me hice planta
carnívora,
tanto que un día
me comí
hasta mi propia raíz
con todo el verdín
del atardecer.

Y ahora, cielo,
se me ha hecho muy tarde
para salir
a franquear la noche, arrastrando
este gran fardo,
hay cartas marcadas
a fuego en los registros
del silencio.

***

Gata en tránsito. Poesía.
Editorial Alhulia, Granada.



Wednesday, October 31, 2018



Lavirotte al azar

Teresa Iturriaga Osa




Es el misterio de Tiau... la supresión de las manchas, la entrada en el Valle misterioso cuya entrada se desconoce; esto da el verdor al corazón del difunto, prolonga su marcha, le hace avanzar y le hace forzar la entrada del Valle para penetrar en él con el dios... Los dioses se le acercarán y le tocarán, pues será como uno de ellos.

Libro de los Muertos, cap. CXLVIII, 5




De regreso a la historia bajé precipitadamente las escaleras de l’Odéon enredada en el laberinto. En uno de los giros de caracol, levanté la vista hacia el techo del antiguo Teatro de la Emperatriz y observé la fabulosa pirámide egipcia. El punto de fuerza desde dónde se organizaba el ritmo del universo me absorbió, los electrones ondulantes salieron de mi cuerpo y ascendí a otro nivel; y, en ese mismo momento, al cambiar de escalón, me topé con él, con Jules-Aimé Lavirotte.

Sucedió el año pasado. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos y no esperaba encontrar tantos cambios en su rostro, en sus formas... pero los hubo. También en el traje. Esta vez era sintético, azul metálico. Siglo XXI puro y duro. Él, por su parte, al mirarme -estoy casi segura- desde sus cuatro puntos cardinales, no me reconoció. Probablemente, mi apariencia era distinta… Con un traje de chaqueta color gris perla y mi corte de pelo a lo garçon, yo pasaba desapercibida de la mirada profana, mi nuevo estilo encajaba muy bien con los “progres” de la sociedad parisina. ¿Quién podría atribuirme hoy rasgos de condesa en el gran Teatro de Europa? Me dirigí hacia él, estaba apoyado en la barandilla con su gesto inconfundible, como esperando a alguien… Iba a presentarme, a decirle quién era, revelarle mi verdadera identidad y mi misión en esta época, pero justo llegó el momento del descanso y la multitud salió desenfrenada antes de que yo pudiera pronunciar una sola palabra. Entonces, lo perdí y un silencio gélido me recorrió el espíritu, cansado de vagar un siglo entero buscando sus huellas de acacia. Claro que podría ser el verdadero, el portador de la vida flamígera que conocí en sus ojos, pero algo no encajaba en mi rompecabezas (nada como estar casada, te salen todas las novias, me advirtió la vidente argentina). Seguí avanzando entre la jauría que se agolpaba en el bar con una sed de zahorí loca en busca de un vaso de agua, y, entonces, una actriz que corría hacia su camerino me gritó que no, que cuidado con las imitaciones, que llevaban dos semanas buscando al actor principal y que no me fiara de los clones que allí había. Ya. Comprendí que todos querían confundirme. Mascota o lírico reclamo, eso daba igual. Y como yo aún creía en las palabras de apariencia lunar, decidí entregarle una carta al portero del teatro, quizá él descubriera algo de su paradero. Lavirotte… al azar.

  • Soy Mme Montessuy. Si alguien pregunta por mí, désela, por favor. Mi número de móvil está en la tarjeta.

Jules no llamó, quizá no era consciente de su verdadero nombre, pero yo tenía que encontrarle como fuera. Incluso pensé en atraerle hacia mí con la voz de la salamandra dorada del Pont Alexandre III -la Clé d'or est l'application quotidienne dans la flamme du cœur-, sin embargo, no lo hice. Había que respetar las coordenadas de lo inverosímil, permitir que se dieran las circunstancias, el sentido y la altura del tiempo, un viento favorable. Entretanto, nadie sabe cómo llovió sobre mi corazón. Por el Sena pasaron las barcas de Isis y los meses en vano, mientras yo seguía tocando de puerta en puerta, por bellas casas y palacios, para encontrar su huella curva, la horma de mi zapato… La carta era el filtro, el zapatito de cristal hecho a medida para mi Valle del Nilo:


Desde el hielo infinito, beso el fuego más intenso, me quemo, amor. El mundo despertará cuando deje de mirar por el oscuro de esa calavera que le engaña. Tú me enseñaste cuál es el horizonte. Dame la mano, siente el calor de la sangre. Tejidos, huesos, vísceras, de eso se compone el milagro, me dijiste. Aún tiemblo. Yo no sé a qué estás esperando… Yo no sé cuánto tiempo más te estaré esperando… Yo no sé si resistiré quererte tanto. Ven a buscarme a l’Odéon.

                                                                 Y.