Saturday, June 16, 2018


VIRTUD

 
                               Lo que más me gusta de ti
                                           es tu arte al aparcar
           -ese flamante ego que traes-
justo delante de la puerta, sin rozar una acera,
                                                      a la altura de mi hogar.
 
 
 
 
Teresa Iturriaga Osa
 
(Flashes)

Saturday, June 9, 2018

 
 

Canarias, Euskadi, gastronomía y literatura


 
La editorial vasca Literarte, abre su colección Letras en su punto con un volumen de relatos en los que la gastronomía es parte fundamental de las narraciones. Cinco plumas de Euzkadi y otras tantas de Canarias componen un mosaico en el que la comida sirve de hilo conductor de las historias y definen de alguna forma la idiosincrasia de vascos y canarios. Toma el título de dos salsas muy populares en ambos territorios, Pil-pil y mojo, y ha sido presentado el jueves 31 de mayo, en el edificio La Bolsa (Sala Ganbara) de Bilbao. Más adelante también será presentado en Canarias.
 
 

 
La iniciativa se debe al impulso de María José Mielgo Busturia, escritora, editora y alma de Literarte Editorial, y de la poeta y narradora Teresa Iturriaga Osa, que también forman parte de la nómina de autores y autoras, que se completa con relatos de Sergio Arrieta, Santiago Gil, Guadalupe Martín Santana, Miren Agur Meabe Plaza, Elisa Rueda, Pablo Sabalza Ortiz-Roldán, Pedro Ugarte y quien esto escribe. El libro trata de tender puentes desde la diferencia.
La gastronomía no solo es un factor clave en los estudios etnográficos, también es el resultado de muchos elementos físicos de cada lugar, su espacio geográfico, sus características climatológicas, el devenir de la historia y las influencias diversas. Al sentarnos ante un plato o un postre propio de un territorio, estamos frente a cientos de años de evolución y de aportaciones que nos cuentan a su manera el relato de muchas generaciones que son como un río que desemboca en lo que hoy somos tantos vascos como canarios. Y si la comida es el resultado de muchas cosas, este es, a su vez, un retrato que define la manera de ser de los pueblos.
Por lo tanto, este es que contiene gastronomía, etnografía e historia, pero ante todo hablamos de literatura, porque cada relato está escrito desde la sensibilidad que han acreditado quienes han dedicado su esfuerzo y su talento a contarnos una historia literaria. La presentación inmediata será sin duda un éxito frente al Cantábrico, y espero que pronto esté ese libro en las librerías canarias y podamos hacer su presentación en medio del Atlántico.
 ***
Reseña sobre el libro Pil-pil y mojo publicada por Emilio González Déniz en el periódico digital Canarias7.es

https://mas.canarias7.es/blogs/bardinia/2018/05/canarias-euskadi-gastronomia-y.html
 
 
 

Thursday, May 24, 2018

 
 
PIL-PIL Y MOJO

PRIMER LIBRO DE LA NUEVA COLECCIÓN DE LITERARTE EDITORIAL "LETRAS EN SU PUNTO"
 



Una colección de relatos de autoras y autores canarios y vascos 
Presentación en Bilbao el 31 de mayo de 2018
Edificio La Bolsa / Sala Ganbara
C/ Pelota, 10 (Casco Viejo)
 
  
Historias diferentes, con platos típicos como protagonistas, unidos a sentimientos y experiencias entrañables.

***

1.- Sergio Arrieta con "El camión de humo"
2.- Santiago Gil con "El paraíso de unos ojos verdes"
3.- Emilio González Déniz con
"El postre canario de María Lozano"
4.- Teresa Iturriaga Osa con "Llámame Gilda"
5.- Guadalupe Martin Santana con "¿A qué huele la noche?"
6.- Miren Agur Meabe Plaza con "My First Thanskgiving"
7.- Maria José Mielgo Busturia con "Gourmet de sentimientos"
8.- Elisa Rueda con "Tinta de Chipirón"
9.- Pablo Sabalza Ortiz-Roldán con "Su capitán que le sueña"
10.- Pedro Ugarte con "Grand Hotel"


 
Foto: Sergio Arrieta, Pedro Ugarte, Teresa Iturriaga, Miren Agur,
Guadalupe Martín, María José Mielgo, Elisa Rueda, Pablo Sabalza.
 
***
Editora: María José Mielgo Busturia

 

El mandala de Malick

RELATO
 
Teresa Iturriaga Osa 
 

"…Ahora se daba cuenta de que en los momentos más altos del deseo no había sabido meter la cabeza en la cresta de la ola y pasar a través del fragor fabuloso de la sangre."   (Cortázar, Rayuela, 92)

Retumbaba "Entre dos aguas" por el cielo de la Playa de las Canteras mientras Lara leía al sol, aislada del bullicio playero con sus auriculares, añorando la intensidad. Esa intensidad se llamaba Julio. Cada vez se distanciaban más. Se suponía que eran amantes, no de forma clandestina, porque no estaban casados, pero algo no acababa de encenderse… Quizá el problema estaba ahí, en que nada les estaba prohibido y esa certeza vital les restaba fuerzas para amarse. Él viajaba constantemente por el mundo disparando su cámara fotográfica como reportero de Le Monde Diplomatique y no tenía ni un minuto para respirar, su sosiego se cotizaba muy alto. Sin saldo, sin cobertura, sin domicilio fijo, sin noticias de su paradero (no habían mediado palabra en tres meses), la ausencia había construido entre ellos una extraña relación. No se veían desde octubre, cuando coincidieron en una exposición sobre África, organizada por el Museo Guggenheim Bilbao. Por eso, la voz de Julio en el móvil llenó en un instante el hueco de edredón que había dejado su silencio.

- ¡Lara, Lara! ¡Estoy en París! Acabo de llegar de Bamako, ¿te ha llegado mi carta? Te envié unas fotos de la gente en la calle, en el campo… No he parado… ¡Ha sido genial! ¿Y qué tal?, ¿qué tal tú por ahí?
- Bien, bien… acabo de cogerla del buzón y aún no la he abierto, estoy en la playa.
- ¡Niña, qué bien vives! ¡Qué envidia! Bueno, dime… ¿qué estás escribiendo?
- No he dejado de escribir como una posesa desde que llegué de Marruecos hace dos semanas. Me invitaron a un seminario sobre mujeres creativas en la Universidad de Kenitra. Ha sido un viaje muy interesante, un poco surrealista, pero único. Una tarde en Rabat, mi amiga Leila me llevó a una terraza increíble sobre el mar…
- Ya veo que aún no has aterrizado… cuéntame más…
- Se llama Le Café Maure, una pasada. Al atardecer, entramos por La Kasbah des Oudayas y bajamos por sus calles de color blanco y azul, llenas de geranios, fuentes, tinajas, mucha influencia andaluza. Descubrí una casa enfrente del café, medio dormida entre las hiedras, fuera del tiempo… me entraron unas ganas locas de comprarla…
- Bueno, eso es muy fácil, vende tu casa de la playa y múdate allí… Querer es poder.
- No lo entiendes, no es un capricho. Te he dicho mil veces que hay sitios así por todo el planeta, me da igual el nombre del santo o de la santa, el cartel religioso, el idioma o el silencio que recen en él. Existen.
- Sigues como siempre… una mística incurable.
- Bueno, allá tú… si te resistes a la evidencia… pero yo percibo cada vez más esa fuerza telúrica. Y, desde luego, no a través de la razón. Con la cabeza nunca se llega hasta el final. Y te digo más: si yo tuviera mucho dinero, con manos de zahorí, péndulo en mano, iría comprando atalayas derruidas por aquí y por allá, una en el Adriático, otra en Sicilia, otra en Estambul, otra en Mallorca… y hasta en el mismísimo Tíbet tendría una estancia especial.
- Un poco complicado lo del Tíbet, ¿no crees?
- Sería la excusa perfecta para ir y venir, hay que abrir las ventanas para ahuyentar las humedades del invierno...
- Te lo estoy diciendo de coña… no te enfades conmigo… que te veo venir…
- Sé lo que piensas de mí… que estoy loca de remate… pero yo paso de todo lo que me digas. Una vibración me lleva y me trae. Olas, olas, olas… Por eso, no invento nada cuando escribo, es que lo vivo así, así y así.
- Eso es verdad, deberías llamarte Clara, como la musa del maestro.
- Sí, claro… pero la diferencia es que nadie ha plantado un hueso de durazno en mi nombre ni se ha quedado a fotografiar ningún árbol en mi jardín…
- No me jodas… ¿Por qué siempre tiras a matar? Sabes que lo que me pides es imposible. Imposible.
- Lo sé, por eso no me llamo Clara, sino Lara. Y tampoco tú te pareces a Rulfo, ya me gustaría… Pero lo nuestro… En fin, Julio, ya no me lo tomo a mal… es lo que hay.
- No, entiéndeme, ya te lo dije la última vez… no es eso… Soy un trotamundos a la fuerza, por mi trabajo… Dime… ¿Qué quieres que haga? No… no… Oye… me estoy quedando sin batería… te llamo esta noche… Oye… Lara… … … Lara… … … 

Ella daba clase en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, su asignatura era la traducción especializada literaria. Le entusiasmaba la antropología, el estudio de las religiones, la simbología, la hermenéutica. Últimamente, se sentía atraída por el budismo, llevaba un tiempo imbuida en el ambiente esotérico de las doctrinas de los maestros orientales y todo aquello le parecía muy interesante para centrar su vida, darle un sentido o, al menos, una justificación. Semana tras semana, en la Librería Tao, muy cerca del Teatro Cuyás, Lara iba comprando sus libros como una coleccionista de extrañezas. Se estaba haciendo una budista radical, dejándose llevar por el sonido misterioso de aquellos títulos: El Camino Medio, Las Cuatro Nobles Verdades y El Noble Sendero Óctuple. El discurso iniciático le parecía (¿cómo decirlo?) alucinante, grandilocuente, acojonante. Tan altas eran las palabras que ella no comprendía nada, pero en medio de la certeza de su pérdida, vivía. 

Esa mañana en la playa, tenía el corazón encogido por la charla con Julio y estaba muy inquieta. Desde muy temprano, había colocado su toalla cerca de la orilla y leía sin mucho interés el primer sermón de Buda: El primer giro de la rueda del Dharma. Imposible concentrarse. Observó a los trabajadores de la limpieza de la playa. Recogían algas con un rastrillo. Le llegaba un fuerte olor a seba, el aire sabía a marisco, casi podía masticarse. Lara aspiró profundamente. Al rato, se percató de la presencia de un joven subsahariano que ayudaba a un operario poco ágil en la faena de agacharse. El ángel negro iba reuniendo festones de algas con la soltura de un bailarín en plena coreografía. Pasaba la gente, pasaban las olas, pasaba la vida, mientras Lara escudriñaba al extraño. Su imponente figura de ébano, su presencia serena, la armonía y el ritmo de sus movimientos, contrastaban con el vocerío de una pandilla de adolescentes malcriados que saltaban sobre las toallas de la gente, tirándose bolas de arena y escupiendo su desorden sobre la orilla. 

Lara recordó a tantos y tantos muchachos como él, los había visto en las estaciones, en los metros, en los bancos de los parques de todas las ciudades europeas, Las Palmas, Lisboa, Barcelona, Madrid, París… Los “sin papeles”, inmigrantes de las antiguas colonias hacinados en los barrios periféricos, excluidos de las élites occidentales, llorando su fantasía del paraíso blanco. Pobres y osados concursantes, los nuevos esclavos de este siglo, estafados por un sinfín de ilusionistas al bajarse del cayuco. Amores rotos a pedazos por la pobreza y la distancia en medio del carnaval de muecas de los traficantes de sueños. 

Era difícil sobrevivir a ambos lados de la orilla, pero quedarse en el país era mucho peor. Por eso, Julio había ido a Bamako, le habían encargado un reportaje sobre los niños de la calle. Según los informes de las autoridades malienses, a principios de año, había más de 5.000 mendigos buscándose la vida a la intemperie. Algunos llegaban a robar las monedas que la gente dejaba en los cementerios. Toda esa gente había ido llegando del campo a Bamako en busca de un trabajo inexistente. Otros se convertían en talibés, dejándose enredar por las palabras de un marabout, un supuesto maestro de enseñanzas coránicas que les comía el coco hasta más no poder y, luego, salían a mendigar por voluntad divina, como mandaba la tradición.

Lara se giró hacia el mar, buscando la mirada del joven agachado en la orilla para regalarle una sonrisa, agradecida por su generosidad. Pero, entonces, sintió que él le devolvía el aprecio clavándole los ojos de una forma muy intensa y ella, automáticamente, cerró el libro. La verdad es que no esperaba una respuesta tan directa… No sabía cómo reaccionar. Buscó las fotos de Julio en el bolso, estaba tan nerviosa que rompió el sobre y se puso a removerlas como una baraja de cartas. Una de ellas se le cayó fuera de la toalla. Después de limpiar el pringue de la arena, la observó. En ella podía verse a un adolescente africano, casi un niño, trabajando en un taller mecánico al aire libre, rodeado de neumáticos y maquinaria de segunda mano. Su rostro era el rostro de África, pero se distinguía del resto porque Julio había escrito su nombre al dorso: Malick.

[De repente, una bandada de golondrinas sobrevoló el cielo a una velocidad de vértigo. La llamaron a gritos por su verdadero nombre: “¡Girondelle! ¡Girondelle!”… La invitaron a que se fuera con ellas a darse una panzada de mosquitos detrás de una nube que perseguían como locas y ella, sin dudarlo, se unió al grupo para calmar su tos. Allá, desde lo alto, Lara miró al joven mariscador de seba y descargó su soledad en las palmas abiertas de sus ojos, vertió en su bandeja el moho de sus siglos de andadura. Después, bajó de la nube y se lanzó en picado hacia el mar.]

Y allí seguía Malick, encuadrado en su gran rueda como en un marco circular. Él le servía de excusa para disimular su nerviosismo, mientras el desconocido seguía taladrándola con la mirada. Ella, por su parte, hacía que leía sin entender nada de las enseñanzas del Buda. Al primer giro de la rueda, ya se había perdido por los senderos del mandala. Lara continuó observando la foto y, como las cuentas de un rosario, empezó a descifrar el laberinto mientras imaginaba a Malick limpiando las ruedas gastadas con agua y jabón. Aquella imagen fotográfica venía a rescatar su mundo sumergido en el caos. Tuvo un flash, una revelación. Las cubiertas de segunda mano, lavadas con esfuerzo, se le mostraron como sus cuerpos sucesivos. El ahora sólo se baña en el poder migratorio del ahora. Puro Karma. Un segundo de observación, dos segundos de compasión, y después, el equilibrio circular, el presente reunido, todo estaba allí, mordiéndose su propia cola.

Como en la ceremonia del té, Lara empezó a escribir en su cuaderno. Estuvo más de diez minutos en trance. Después, marcó el número de Julio y leyó de un tirón todo lo que había escrito en el papel, lo dejó registrado en su buzón de voz (sabía perfectamente que su móvil se había quedado sin batería).

- Julio… es tiempo ya de que te diga algo: que he olvidado hasta el segundo en que te pronuncié en Breton. Escúchame, ahora, cuando las velas de este barco se disponen a surcar los mares del deseo. Ya no te llevaré en mi nostalgia, porque ya no me queda nada de ella. Ya eres presente en el carcaj del tiempo. Sólo veo horizontes de sal desde mi orilla navía. El tiempo se ha convertido en una flecha donde las preguntas me sostienen en el mástil.
Enigma, mira, puedo verte en cada gota de este mar que no sé dónde… termina

[pero ahí ahí están mira cómo saltan delfines blancos alados me surcan la cara llena de espuma algas y flores de la tierra me llueven del pico de las gaviotas muchas muchas tótem sagrado de nuestro acantilado me chillan lo que estaba escrito antes del amor antes de la huida del refugio de los partos y de los sueños.]

Escucha… Sólo camina la proa hacia delante. Alimentándome de mi deseo, vivo, aunque mis budas me castiguen sin la inmortalidad. No me importa. Me río del Dios Aburrimiento. Aire. Sobre las olas, yo me levantaré ante todos ellos y caminaré sinuosa sobre sus vacíos hasta las orillas de arena negra, algún día de la eternidad. Y cuando desaparezca el olor del continente, ya sólo me quedará horizonte, ninguna línea del tiempo que quiera vengarse de mí con una carta de amor. Anda, vuela, vuela de aquí, polizón del ayer, pasajero maldito de este barco del olvido que no te llevará a ninguna parte. Estoy a gusto con mis olas de impetuoso mar brillante. Soy una sirena en este velero sin patrón ni marineros, donde mi cuerpo frota el aire y se sube al lomo de un sol que me quema esta piel enrojecida, ya pronto será traje de corsario. Mutante como soy, tendrás que perdonarme también mis soledades. Quizá llegue a algún puerto o cuerpo de musgo verde y amable acogida, buscándote. Repondré allí mis fuerzas, entre los brazos de algún joven extraño que tenga tus mismos ojos de esperanza y, cuando cabalgue los días en su piel negra, volveré a recordarte lejos del barco, a través de sus palabras disfrazadas de ternura. El aroma de la seba me seduce... huyo… y me azota con su arrogante frescura… mira… mira cómo perfuma mi costra de sal.

 
Este relato se incluye en El ojo narrativo. Ecos [2], una antología dirigida e ilustrada por Rafael Hierro. Anroart Ediciones. LPGC.




 
 
Teresa Iturriaga Osa (Palma de Mallorca, España, 1961) es Doctora en Traducción e Interpretación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Reside en Las Islas Canarias desde 1985. Ha trabajado en gestión y periodismo cultural, sociología, radio, poesía, ensayo, relato, traducción. Ha dirigido proyectos literarios con voces de mujeres de distintas culturas. Ha publicado los libros Mi Playa de las Canteras, Juego astral, Yedra en vuelo, Revuelto de isleñas, Desvelos, Sobre el andén, Gata en tránsito (prologado por J. M. Caballero Bonald), Campos Elíseos, En la ciudad sin puertas y DeLirium. Sus poemas y relatos se incluyen en varias antologías españolas: Orillas Ajenas, Hilvanes, Fricciones, Que suenen las olas, Ecos II, Doble o nada, Espirales Poéticas, Madrid en los Poetas Canarios, París, Mujeres en la Historia I-II-III, Casa de fieras y Pil-pil y mojo.
 

 


Wednesday, March 21, 2018


CUENTOS AFRICANOS

Los niños de cera


Traducido por Teresa Iturriaga Osa



 

Cerca de las colinas del Matopos vivía una familia cuyos hijos estaban hechos de cera. La madre y el padre eran exactamente iguales que el resto de la tribu, pero por alguna razón, su prole resultó ser de cera. Ahora bien, aquello que en principio fue motivo de gran tristeza para la pareja –¿quién habría puesto tal marca sobre su descendencia?-, se fue convirtiendo en una situación normal a medida que iba creciendo un profundo amor hacia sus hijos.


En verdad, no les costaba ningún esfuerzo amar a sus pequeños. Otros podrían estar peleando hasta llegar a olvidar sus deberes, pero los niños de cera eran siempre responsables y nunca luchaban entre sí. Además, eran tan buenos trabajadores que un niño de cera era capaz de realizar el trabajo de dos o más niños corrientes.

El único problema que daban en el poblado es que no se podía hacer fuego cerca de ellos. No les quedaba más remedio que trabajar de noche, porque de día se derretirían por el calor.

De modo que su padre les construyó una cabaña oscura sin ventanas para resguardarlos del sol. Durante el día, ningún rayo podía penetrar en la oscuridad de aquella choza y así los niños de cera estaban a salvo. Y una vez que el sol se ocultaba, salían de su vivienda y comenzaban a trabajar, atendiendo los cultivos y vigilando el ganado de igual forma que lo hacían los otros niños a plena luz.

Uno de los niños de cera, Ngwabi, siempre imaginaba las cosas que ocurrían durante el día. “Nosotros nunca sabremos cuál es la apariencia del mundo”, les decía a sus hermanos y hermanas. “Cuando salimos de nuestra cabaña, todo está tan oscuro que casi no se ve nada”.

Sus hermanos sabían que era muy cierto lo que decía, pero asumían que nunca podrían saber cómo era el mundo en realidad. Se contentaban con tener otras cosas que el resto de los niños no tenían. Sabían, por ejemplo, que los otros niños tenían miedo, mientras que ellos nunca habían experimentado el dolor, y, por ello, se sentían muy afortunados.

Sin embargo, el pobre Ngwabi seguía suspirando por ver el mundo. En sus sueños, divisaba las colinas en la lejanía y observaba las nubes que venían cargadas de lluvia. Vio los senderos que conducían hasta allí a través de la maleza y deseó seguirlos con toda su alma. Caminar de noche por aquellos caminos era algo que un niño de cera nunca podría hacer... Era demasiado peligroso.

Pasó el tiempo y, a medida que crecía, el deseo de Ngwabi de ver el mundo iba en aumento desde el mismo instante en que el sol hacía su aparición. Finalmente, su deseo se hizo irrefrenable. El chico no podía más. Hasta que un día salió corriendo de la cabaña cuando el sol lucía en lo más alto del cielo y todo brillaba a su alrededor. Mientras, sus hermanos le chillaban e intentaban agarrarlo para que no saliera de casa, pero no pudieron detenerlo. Y Ngwabi se marchó.
 

***

[Alexander McCall Smith, “Children Of Wax”, del libro The Girl Who Married A Lion, una recopilación de cuentos tradicionales africanos de Zimbabwe y Botswana. Canongate Books, Ltd, Edinburgh, 2004, pp. 49-51.]

                                              ***
 
 

Teresa Iturriaga Osa es Doctora en Traducción e Interpretación por la ULPGC. Reside en Gran Canaria desde 1985. Ha trabajado en gestión y periodismo cultural, sociología, radio, poesía, ensayo, relato, traducción. Ha dirigido proyectos literarios con voces de mujeres de distintas culturas. Ha publicado los libros:Mi Playa de las Canteras, Juego astral, Yedra en vuelo, Revuelto de isleñas, Desvelos, Sobre el andén, Gata en tránsito, Campos Elíseos, En la ciudad sin puertas y DeLirium. Ha participado en varias antologías españolas: Orillas Ajenas, Hilvanes, Fricciones, Que suenen las olas, Ecos II, Doble o nada, Espirales Poéticas, Madrid en los Poetas Canarios, París, Mujeres en la Historia I-II-III, Casa de fieras y Pilpil y mojo.
 
 

Monday, February 26, 2018

 
 
El Cuarto Espacio: hacia una organización cognitiva, sociocultural, biomédica y económica realista de la futura jubilación.
 
 
JUEVES 15 de marzo
a las 18.00 h
 
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
 
Paraninfo
 
Entrada gratuita

Sunday, January 28, 2018

 



     TALLER DE ESCRITURA DE ÁMBITO CULTURAL


  DE EL CORTE INGLÉS 
 
EN LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

 
CON SUSI ALVARADO,
ÁNGELES JURADO
Y TERESA ITURRIAGA 

 
           Ámbito Cultural prepara para el próximo mes de febrero la celebración de una nueva edición del Taller de Escritura 2018.




            Las escritoras Susi Alvarado, Ángeles Jurado y Teresa Iturriaga serán las encargadas de dirigir el taller que constará de 10 sesiones. El Taller de Escritura, que es gratuito, tendrá lugar en la Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Mesa y López, en Las Palmas de Gran Canaria, todos los lunes, a las 19.00 horas, desde el 5 de febrero hasta el 23 de abril –excluyendo el lunes 12 de febrero, víspera de Martes de Carnaval.

 
 
  
MARÍA JESÚS ALVARADO

  

 

Nació en la isla de Gran Canaria y creció en vecino desierto del Sáhara.
Estudió Magisterio en Las Palmas (1981) y Psicología en Barcelona (UAB, 1986), especializándose en Psicología Clínica en Madrid (UCM, 1988).
Desde que tiene uso de razón la literatura ha formado parte de su paisaje, el elemento que le ha servido para relacionarse e identificarse con su entorno cambiante.
Es autora de los libros: Suerte Mulana (2002), Extraña estancia (2006), Geografía accidental (2010), Al sur de Zagora (2010), Isla Truk (2011), Sorimba (2012), Grietas (2012) y El principito ha vuelto (2015), además de incluir textos y poemas en diversas publicaciones colectivas.
Desde 2001 es directora de edición de la Editorial Puentepalo, en la que dirige la colección de poesía y desde la que potencia la publicación de autores europeos, africanos y latinoamericanos, además de coordinar diferentes encuentros artísticos multidisciplinares.
Le preocupa el mantenimiento y fomento del español como lengua colonial en África (Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial), sus características particulares, la difusión de las obras y la presencia de sus autores en el panorama literario español.
Codirige la compañía de teatro La Fanfarlo.
En 2006 funda la productora Almacabra. Es guionista y directora de La puerta del Sáhara (2006), Premio a la Mejor Aportación Historiográfica en el festival Memorimage-07, La carta de Chadad (2006), Bailando en el tiempo (2009), Pilar Rey, pasión por el teatro (2013), Cuando llegue (2014), La Ñ viste de negro (2015). Estrena en China con gran éxito un documental sobre la escritora china San Mao (2016), estrechamente vinculada a Canarias y el Sáhara.
Tanto desde la psicología como desde la literatura y el arte ha llevado a cabo una intensa labor de apoyo a la mujer y creaciones desde la pespectiva de género: Juntos, Poesía contra la violencia de género (Festival de Teatro de Agüimes, 2004); No sólo marzo (2006); Hijas de Lilith (Colectivo Puntodevista. Las Palmas GC., 2008); Ella (Con T.Correa, en Galería Saro León, 2012),...
Interesada en la recuperación y conservación de las raíces culturales populares, ha participado durante 2013 y 2014, junto con Ana Cristina Herreros, en el proyecto “Voces de nuestra isla” para la recuperación y conservación de los cuentos de tradición oral de la isla de Gran Canaria, del que ha surgido el libro Cuentos antiguos de Gran Canaria contados por los niños (Ed.de las Malas Compañías, 2014).
Forma parte del grupo Bubisher. Escritores por el Sáhara, desde el que se promueve la puesta en marcha y funcionamiento de bibliotecas en los campamentos de refugiados saharauis en Argelia, y llevan a cabo acciones para acercar la cultura saharaui y sus autores al resto del mundo.
Ha sido secretaria de la Asociación Canaria de Escritores y es socia de MAV, Mujeres en las Artes Visuales y CIMA, Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios audiovisuales.
 
ÁNGELES JURADO
 
 
 
Estudió Ciencias de la Información, rama de Periodismo, en la Universidad Complutense de Madrid. Ha colaborado en publicaciones como La Provincia, La Gaceta de Canarias, Islas, MC2 y Grada. Amplió estudios en Suecia e Irlanda antes de volver a instalarse en Canarias. Ha publicado Síndromes de Estocolmo, una recopilación de columnas que aparecían en el suplemento semanal La Otra Mirada en La Tribuna de Canarias; otra compilación de columnas periodísticas, que escribió mientras trabajaba en el periódico Canarias7 y que se titularon genéricamente Salvapantallas; una colección de microrrelatos denominada Cambio de rumbo y otras historias pigmeas y un volumen de relato breve, Breviario de lametones, mordiscos y besos. También ha participado en varias colecciones de relato breve y microrrelato (Orillas ajenas, Hilvanes, Rojo sobre negro, Generación XXI, A contrarreloj, Mujeres cuentistas, Ecos 2: el ojo narrativo, Antología del microrrelato en Canarias, Doble o nada) y ha recibido varios premios por textos cortos. Ha publicado los blogs Cartas a Sinaja y Sinaja tiene quien le escriba.
 
TERESA ITURRIAGA
 

 
Nace en Palma de Mallorca en 1961. Comprometida en su juventud con movimientos por la paz y la no-violencia gandhiana, formó parte de la primera Comunidad del Arca de Lanza del Vasto creada en España, en la que vivió cinco años. En 1985 se traslada a vivir a Las Palmas de Gran Canaria, donde reside actualmente.

Tras finalizar la carrera de Traducción e Interpretación en la ULPGC, obtiene una beca para realizar su tesis doctoral sobre la traducción especializada del periodismo de viajes en la década de los noventa.

 Como Doctora en Traducción e Interpretación, ha sido invitada a presentar los resultados de su investigación en seminarios y proyectos europeos de la ULPGC, el CSIC y el Instituto Cervantes de París.

Publica en prensa, revistas literarias y portales digitales. En 2004 es directora cultural, coordinadora y autora de una serie de entrevistas de interés etnográfico compiladas en el libro Mi playa de las Canteras. En 2005 traduce Modou Modou, un ensayo sobre el drama de la inmigración africana, del senegalés Seydi Ababacar Mbaye; y colabora como traductora en las webs de noticias africanas www.laveudafrica.com y http://www.africainfomarket.org/.

En 2005 presenta el relato Hurto blanco en Orillas Ajenas. En 2006, Namoe en Hilvanes y, en 2007,El violín y el oboe en Fricciones. Publica Tu nombre es Véronique en el libro Que suenen las olas, una colección de relatos de escritoras canarias y marroquíes, de la que fue coordinadora, realizando la adaptación de los textos árabes al español. En 2008 presenta la colección en el Instituto Cervantes de Rabat y en la Universidad de Kenitra. También imparte conferencias sobre literatura femenina con la escritora marroquí Leila Chafai en unas jornadas organizadas por la ONG Asamblea de Cooperación por la Paz en diversas bibliotecas e instituciones públicas de Castilla-La Mancha.

Gana el III Certamen Internacional de Poesía El verso digital 2008. Publica Juego astral, ocho relatos breves de género fantástico. En 2008 también obtiene el primer premio del III Certamen de Poesía Encuentros por la Paz.
En 2009 aparece Yedra en vuelo en la colección de autores canarios Acordes armoniosos. En el libro colectivo El ojo Narrativo. Ecos [2] participa con el relato El mandala de Malick y en Doble o nadacon el relato Tumulto de trazo y latido. Asimismo, su poesía se incluye en la antología Madrid en los Poetas Canarios.
En 2010 escribe Revuelto de isleñas con Dolores De la Fe, una colección de relatos en torno a la escritura y la cocina, bellamente ilustrada por Sira Ascanio y patrocinada por la Fundación Mapfre Guanarteme. Simultáneamente, con motivo del Día Internacional Contra la Violencia de Género, el 25 de noviembre, presenta el libro Desvelos, relatos inspirados en las experiencias de ocho mujeres de diferentes nacionalidades en la red de recursos de las Casas de Acogida con el apoyo de la Consejería de Política Social y Atención Socio-Sanitaria del Cabildo de Gran Canaria.
En 2011 presenta su poemario Gata en tránsito, editado en Granada por Alhulia y prologado por J. M. Caballero Bonald.
Continúa su fase narrativa con una serie de relatos en varias antologías: Lavirotte al azar en París(2012) y Rosas rojas para María Walewska en Mujeres en la Historia I (2013). En 2014, publica el poemario Campos Elíseos, prologado por Vicente García Hernández. En 2015, presenta el relato Leonora, la divina loca en Mujeres en la Historia II y la colección narrativa En la ciudad sin puertas, que incluye los últimos cuentos escritos con Dolores de la Fe, prologada por J.J Armas Marcelo. Y en 2016, el relato La espiral de Germaine en la antología Mujeres en la Historia III y, a continuación,Veneno de Tórtola en Casa de fieras. En 2017 publica una miscelánea de poesía y prosa en su libro titulado DeLirium, prologado por Emilio González Déniz.