Poema dedicado a la gente que lucha por la utopía necesaria
Por Teresa Iturriaga Osa
DOS SEGUNDOS DE COMPASIÓN
Cuando el extraño
se volvió hacia mí,
aparté la mirada de los libros
y relaté en voz alta mi vida toda…
Dos segundos de compasión.
Y él siguió allí
escuchando mi vacío.
Me uní a las golondrinas
que calman la tos, descargué la soledad
en las palmas abiertas de sus ojos,
vertí en su bandeja el moho
de mis siglos de andadura.
Y comprobé, peregrino,
que las luces
nunca se apagan solas.
Hay un faro en cada isla…
proyecta su foco
a la vida más indigna,
la esclarece, la soporta, intenta dirigirla
hasta la gran final.
A veces,
ciertos bichos viven mucho, se instalan
sobre un hombro azocados por el miedo,
dilaceran las carnes hasta el hueso,
pero un día llegan las mariposas,
llegan, llegan a la orilla de un escalofrío,
sólo hay que saber esperar.
Sucedió así que yo me perdí
sin darme cuenta,
silbó un tren y pensé que era un piropo,
giró mi cabeza como una loca veleta
y el arcén se me llenó de gente.
Iban hacia el valle
donde no existe la muerte ni el ayuno.
Me invitaron a subir.
A mi lado, una mujer amamantaba
a la más temprana y pequeña de todas las almendras,
el padre ahuyentaba a las avispas.
Viajaban lejos del olor que se desprende
de los bloques de cemento.
Cuando el extraño
se volvió hacia mí,
llegué a las fuentes del oasis que sólo ellos conocen…
el camino entre las dunas,
escrito con tinta indeleble
en su piel de pájaro,
nómada del desierto.
***
"They run as fast as they can. A gasp at the cost of effort. Other fall and no longer stand. Some, more resistant, sing a song to give encouragement. She says, do not let your head like one that has been vanquished. She says, wake up, come on, the struggle is long, the fight is difficult. Then they shout with all their strength to show their enthusiasm. "(Monique Wittig, The Guerrillas).
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