Monday, June 8, 2015



Magia al sol
 
 





        El vendedor empezó a limpiar los libros antiguos, estaban llenos de polvo e intentaba adecentarlos con la manga de su camisa, pero yo le detuve.

        -No, no, no se preocupe, eso no me interesa; alcánceme, por favor, la lámpara de plata. 

        Él extendió su brazo hacia la vitrina y lentamente volvió a iniciar su ritual del decoro, ocultando las manchas del metal.

        Envolvió la joya con un fino paño de seda que bordeaba sus extremos con ribete azul. 

        Estaba predestinada. Todos los objetos de aquel anticuario tenían un mago dormido en su vientre. 

       La compré para desearles suerte a Didile y Arnaud.

 
Teresa Iturriaga Osa
 

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